Desarrollo evolutivo de la integración sensorial del niño

La doctora Ayres (1998) en el capítulo dos de su libro habla de los bloques de construcción que se van desarrollando durante el crecimiento del niño que serán la base de desarrollos más complejos.

Integración sensorial en el vientre materno

La IS de los niños comienza en la matriz. El sentido del tacto aparece en el útero materno donde el feto ya siente los movimientos del cuerpo de la madre. Durante el primer mes de vida, el recién nacido responde a sensaciones mediante reflejos innatos. Aunque estas reacciones sean automáticas,  las sensaciones deben integrarse para obtener un reflejo con significado.  El tacto entre madre e hijo es de vital importancia para el desarrollo cerebral y la relación afectiva.

IS en el niño recién nacido

El recién nacido responde también a las sensaciones de movimiento y gravedad desde su oído interno.  Si bajamos al niño unos 30 cm sujetándolo en brazos, manifestará alarma puesto que su oído interno le avisará de que está cayendo. Un bebé trata de levantar la cabeza cuando ésta está apoyada en nuestro hombro debido a que la atracción gravitacional activa su cerebro y a su vez, los músculos del cuello que hacen levantar su cabeza. Con el tiempo el bebé acaba levantando su cabeza cuando está boca abajo. Cuando una madre mece a su bebé lo calma, y es porque los movimientos suaves organizan el cerebro y sirven de base para formar otras sensaciones nuevas y nuevos movimientos corporales.

El bebé se acurruca confortablemente en la persona que lo carga por medio de sus músculos y articulaciones. Durante los primeros meses de vida realiza movimientos que con su crecimiento se van organizando. Acostado sobre su espalda, el pequeño agita piernas y brazos como si jugara porque las sensaciones de su oído interno, de sus músculos y articulaciones están estimulando a su sistema nervioso para producirlos.

Primeros meses

La vista no está organizada en los primeros meses de vida. Sólo reconoce el rostro de la madre y algún objeto significativo pero puede sentir el peligro en el movimiento o el tacto por otros medios. Las sensaciones de gravedad y movimiento que se generan en el oído interno producen una respuesta adaptativa  que implica el movimiento de los músculos de los ojos y del cuello. Esto permite al niño aprender a seguir con los ojos y después con la cabeza objetos o personas.

Un bebé responde a los sonidos aunque no los interprete. Responder a ellos sonriendo o moviendo la cabeza significa construir el primer bloque del desarrollo de lenguaje. Los propios sonidos que el niño emite, sonidos guturales, producen sensaciones que van a contribuir al desarrollo del área del lenguaje en el cerebro. Tiene buen sentido del olfato y el gusto. Una respuesta adaptativa a consecuencia de ello es la succión. Generalmente los niños tienen ese reflejo al nacer.

Conforme van pasando los meses las funciones motoras se van desarrollando hacia los pies, el bebé usa los músculos de su espalda y de sus brazos y despega el pecho del suelo. El impulso de levantarse es debido a las sensaciones de gravedad. Comienza a agarrar objetos sin precisión pero cuando integre las sensaciones del tacto con las de los músculos y articulaciones conseguirá realizar la pinza.

Del cuarto al sexto mes de vida el bebe realiza movimiento más grandes, empieza a mirarse y a tocarse las manos. Desarrolla conciencia de su cuerpo y comienza la coordinación entre sus dos lados del cuerpo. Se sienta perdiendo menos el equilibrio, alza la cabeza, los brazos y las piernas cuando está boca abajo favoreciendo el desarrollo de los músculos responsables de rodar, estar de pie y caminar. Al bebé de seis meses le encanta ser movido y experimentar sensaciones fuertes de gravedad y movimiento siempre que pueda integrarlas.

A partir del sexto mes  la locomoción que el niño experimenta al gatear u arrastrarse proporciona al niño mayor conocimiento del espacio, afina los movimientos con sus manos y ya planean sus movimientos.

A los ocho meses los balbuceos mandan sensaciones de las articulaciones de la mandíbula, de los músculos  y la piel procedentes de la boca hasta el cerebro. El cerebro aprende a formar sonidos más complejos cuánto más sensaciones integra.

Primer año de vida

Del noveno al doceavo mes el sistema nervioso es estimulado por muchas más sensaciones procedentes del entorno. El niño explora más lugares y todo ello le ayuda a coordinar los lados de su cuerpo, mejorar la planeación de sus movimientos y a desarrollar la percepción visual. Cuánto más curioso sea  y más experimente mejor integrará sensaciones y mejores serán sus respuestas adaptativas a ellas.

El niño consigue ponerse de pie, acción final de la integración de todas las sensaciones de gravedad y movimiento de las articulaciones y los músculos y aparecen sus primeras palabras.

Segundo año y posteriores

En el segundo año su sistema táctil le permite sentir sensaciones agradables o no y toman consciencia del principio y final de su cuerpo. El niño interactúa con el mundo a través del movimiento y disfruta de juegos que implican sentirlo. Tiene la necesidad de trepar para desarrollar la percepción del espacio visual y  experimenta los resultados de sus movimientos.

Del tercero al séptimo año cada nueva tarea que realiza requiere la información sensorial que ha ido experimentando durante sus primeros años de vida. Las funciones intelectuales a las que se enfrente se realizarán mejor si las funciones sensoriomotoras han sido bien desarrolladas ya que el cerebro es capaz de organizarlas.

Cuánto mejores sean las experiencias sensoriales que el niño reciba de su entorno y su cuerpo más aprenderá. “Las sensaciones que hacen feliz al bebé suelen ser integrativas” (Ayres, 27, 1998). Por el contrario, cuántas  menos experiencias o experiencias negativas reciba menos conocimiento de su propio cuerpo y entorno tendrá. La interrelación entre ambos se verá afectada (Moya y Matesanz, 2012).

Aunque es sabido por estudios de neurociencias que la neuroplasticidad del cerebro permite seguir desarrollando la IS pasados los 12 años de edad, el desarrollo de la IS alcanza la madurez sobre los 10 o 12 años (Beaudry, 21, 2011).

La integración sensorial en adultos

Los problemas de procesamiento sensorial pueden incluso persistir hasta la adultez, con dificultades sociales, conductuales y emocionales relacionadas (Johnson e Irving, 2008).Por eso, la intervención en la etapa de Primaria es de vital importancia. Sobre todo en el ámbito emocional ya que son niños que tienen la autoestima muy baja.

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