Lenguaje y movimiento

Vivimos en una sociedad en la que los problemas de conciliación familiar hacen que las familias tengan que dejar a sus niños al cuidado de abuelos o en guarderías. Los niños pasan mucho tiempo en casa, se les ha ofrecido muy pronto el control de las nuevas tecnologías y existen familias que sobreprotegen a los niños en exceso.

Todos esos factores pueden ser condicionantes directos de los retrasos de lenguaje que hoy en día existen en las aulas.

En anteriores posts he señalado que cuánto mejor sean las experiencias sensoriomotoras en el desarrollo del niño mejor será la adquisición del lenguaje. “La competencia motriz exploratoria de los niños pequeños es fundamental para su futuro desarrollo, ya que incluso permite predecir el rendimiento académico en la adolescencia” (Ruiz. L., et al, p. 383, 2016).

La relación entre el desarrollo motor y el lenguaje es alta y positiva. No son procesos independientes ya que la cognición y el desarrollo del lenguaje están relacionados por el hecho de tener un cuerpo y poder ejercer movimiento sobre el mismo. Por lo que se deduce que la cognición se centra en la acción y el procesamiento sensoriomotor (Ruiz. L., et al, 384, 2016).

Leonard y Hill (2014) asumen la teoría de que conocer las variables de habilidades motrices a edad temprana ayudan a comprender el desarrollo del lenguaje y la comunicación. Así como que la relación entre desarrollo motor y lenguaje requiere la utilización de técnicas de intervención más adaptadas al individuo.

Iverson y Braddock (2010)  confirman las estrechas relaciones entre estas dos dimensiones y constataron  que niños con dificultades del lenguaje también manifestaron dificultades a nivel motriz.  Howsen, Visser, van der Putten y Vlaskamp (2016) afirman que  la intervención terapéutica con los niños debería considerar la dimensión motriz.

En estudios (Webster, et al., 2013, citado en Ruiz y Linaza, 2016)  sobre la relación entre lenguaje, el rendimiento cognitivo no verbal y el desarrollo motor  en niños de 7 a 13 años con y sin trastornos específicos del lenguaje se recomienda que cuando se valoren los problemas específicos del lenguaje se considere también la evaluación motriz del alumno.

Rodriguez, et al., (2017) en su estudio sobre educación psicomotriz para contribuir al desarrollo comunicativo de los ACNEAE señalan que el entrenamiento de las habilidades motrices impacta positivamente en todos los ámbitos del desarrollo del niño: social, motor, cognitivo, comunicativo y emocional. Ellos recomiendan utilizar la intervención psicomotriz en el ámbito logopédico para el desarrollo social, cognitivo y del lenguaje. Por otro lado, existen estudios de alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo  a los que entrenaron con un programa de habilidades quinestésicas el cual contribuyó a la evolución favorable de la comunicación y el lenguaje (Miller, L., et al., 2001).

La interrelación del sistema propioceptivo, vestibular y visual es fundamental para el logro de una respuesta adaptativa que potencie el movimiento. Por ello, los maestros de apoyo específico, deberían incorporar a sus sesiones de intervención ejercicios de IS para favorecer el desarrollo social, cognitivo y del lenguaje.

Con todo lo visto hasta ahora, “Se puede considerar que  la comunicación a través del lenguaje es el producto final de una integración sensorial eficaz” (Beaudry, p.46, 2011).

 

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